Daniel Ortega: ¿Dónde está Fidel?

 

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¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!” Y de: “¡Yo soy Fidel!” “¡Yo soy Fidel!”)

Duele, claro que duele ese tránsito, tránsito a la inmortalidad (Aplausos). Fidel está en estos muchachos y muchachas, en esta juventud (Aplausos), viene creciendo con los niños. Fidel está en la conciencia y en el corazón de las mujeres cubanas (Aplausos), de los obreros, de los agricultores, de los técnicos, profesionales, científicos; está en la conciencia de ese gigantesco capital humano que forjó Fidel con el pueblo de Cuba (Aplausos).

En esta Plaza tuve el privilegio —y digo “gracias a la vida que me ha dado tanto”— en el año 1967, vine por el Frente Sandinista al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, la OCLAE (Aplausos), y la gran sorpresa, no lo esperábamos, nos invitaron a esta Plaza y nos sentaron en la tribuna a pocos metros de Fidel. ¿Y quién acompañaba a Fidel en ese momento como invitado de honor? Salvador Allende, el presidente, héroe de Nuestra América (Aplausos). Claro, habló Allende y luego habló Fidel, y entonces Fidel que estaba más convencido que nadie que el camino para la liberación pasaba por la lucha armada revolucionaria, le estaba dando todo su apoyo a un luchador socialista, el doctor Salvador Allende, compañero, que en esos días más duros de la siembra estaba apostando por la vía pacífica para la toma del poder, y Fidel no dudó en apoyarlo.

Ya conocemos la historia, tiempos terribles, en ese largo período de dolor de Nuestra América en el siglo XX, donde todas las batallas que se venían librando en Nuestra América arrojaban el heroísmo, la combatividad, la dignidad de los pueblos; pero qué difícil era alcanzar la victoria.

Fidel con Raúl, con los 82 combatientes que se embarcaron allá en México, y luego con la conciencia de este pueblo, produjo el milagro de la primera Revolución Socialista en Nuestra América (Aplausos) y a 90 millas de Estados Unidos se produjo el milagro.

Y nuevamente la batalla del pueblo de Cuba con Fidel a la cabeza, la batalla para garantizar no solamente la sobrevivencia de la Revolución, sino también el desarrollo económico, social, cultural y deportivo del pueblo de Cuba, porque Fidel no dejaba un solo espacio descuidado en todos los campos.

Fue una batalla desigual: el imperio invadiendo, intentando asesinar e imponiendo ese bloqueo criminal, que no es más que un acto que se califica como un crimen de lesa humanidad, es un crimen de lesa humanidad, que debería estar siendo juzgado por la famosa Corte Penal Internacional (Aplausos), defendiendo el derecho de Cuba a desarrollarse; pero no en medio de la ley de la selva que impone el capitalismo salvaje, sino promoviendo esos principios que Marx con profundo espíritu humanista propuso para lograr que el paraíso se construyera aquí en la Tierra, en lugar de tranzar con dinero —decía Marx—, llegará el día y llegará el momento en que vamos a tranzar con amor. Cuando prevalecen los valores, cuando prevalecen los principios, cuando prevalece la conciencia, cuando se produce la transformación en ese hombre nuevo, así lo apuntaba Marx, y así fue sentando las bases Fidel.

Es cierto: Hay camino que recorrer para completar esa obra, no solamente en Cuba, sino en nuestro planeta. Y batallando por el desarrollo de Cuba, frente a las amenazas del imperio, frente a las agresiones del imperio, Cuba dándose por entero a todos los pueblos de nuestro planeta, incluyendo al pueblo norteamericano (Aplausos).

Fidel estableció ese principio, ese principio cristiano, y ahí recuerdo a Raúl, cuando el huracán Juana entró a Nicaragua con una fuerza de 285 kilómetros de viento, destruyendo pueblos enteros. Y con nuestras capacidades y con la colaboración de Cuba, que tenía una enorme experiencia en el enfrentamiento de los huracanes, desplazamos miles y miles de hermanos nicaragüenses en varias direcciones, y esto evitó que hubiese muertos, porque decíamos: se puede perder lo material, pero lo material luego se puede recuperar; lo que no se debe perder es la vida (Aplausos), y eso lo logramos con la colaboración de los hermanos cubanos que nos envió Fidel allá en brigadas, especialistas, que compartíamos allá en el puesto de mando, frente a lo que es un fenómeno para nosotros no tan común y con una fuerza tan grande que cruzó todo el país y destruyó el país entero.

Y luego, ahí viene mi recuerdo de ese profundo pensamiento cristiano de Fidel y de Raúl: manda Fidel a Raúl a Nicaragua después del huracán; llegó Raúl para ayudarnos a reconstruir, y no se me olvida esa frase de Raúl, cuando dijo allá en Managua: Nosotros estamos para compartir el pan (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Raúl!”). Esa es la esencia, los valores, la ética, la moral de Fidel hecha pueblo y multiplicada luego en los pueblos del mundo, en los pueblos de nuestro planeta (Aplausos). Porque así como Fidel hoy está más firme que nunca aquí en el corazón de este pueblo, también está más firme que nunca en el corazón de los pueblos latinoamericanos y caribeños, en el corazón de los pueblos de Asia, de África y en el corazón de buena parte del pueblo norteamericano, de buena parte de los pueblos europeos que, en estos nuevos tiempos, y como bien con esa firmeza y sabiduría lo supo definir Fidel, entendiendo los cambios de los tiempos, que no es fácil, cómo traducir los cambios de los tiempos cuando se tenía una concepción que luego solo en la mente se repitió en nuestra América en Nicaragua, después de Cuba fue Nicaragua, y fue Fidel y Raúl y este pueblo entrando victorioso el 19 de julio de 1979 allá en Managua (Aplausos). Fue la última revolución triunfante del siglo XX.

Luego vino la desintegración de la Unión Soviética; la Unión Soviética generosa, noble, solidaria y punto de balance en nuestro planeta frente a las amenazas expansionistas del imperialismo. Y vino el período especial, y recuerdo que Fidel me invitó, allá por el año 1991, a Santiago a conmemorar, y luego conversando, y ya trabajando para enfrentar el período especial, con Raúl, con los cuadros de la dirección del Partido de todas las medidas que tendrían que tomar. Pero en todas esas medidas, en todos esos planteamientos que Fidel hacía y practicaba, ahí no existía la palabra un paso atrás, ahí no existía la palabra concesión, ahí no existía la palabra rendición, sino que se trataba de reafirmar este proyecto hermoso, solidario, socialista de afirmarlo, fortalecerlo, ser más creativos y avanzar, como lo ha logrado hacer Cuba, que ese fue un tránsito realmente heroico, una pequeña nación bloqueada, asediada, prácticamente sola en nuestra América; claro, con la solidaridad de los pueblos, pero prácticamente sola librando esa batalla.

Fue desde 1987 o 1988 que empezó ya a producirse la desintegración de la Unión Soviética, hasta aquella fecha también mágica, 1998, y lo que nadie se esperaba, y lo que los revolucionarios habíamos soñado por años, y es que se produjese una revolución en un país latinoamericano, caribeño, con más desarrollo económico, con más fortaleza que la que tenía Cuba y que la que tenía Nicaragua. ¡Cómo soñábamos! Y allí, en esos momentos, verdaderamente difíciles, dramáticos, cuando desde los años 1987, 1988, 1989 venían ya los fariseos anunciando el fin de la Revolución Cubana, 1988. Y digo yo, no son casualidades, era Fidel, antes de 1998… (Maduro le dice que el 4 de febrero de 1992, la parte armada. Primero fue el levantamiento el 4 de febrero de 1992, fue un momento que fue ya de terrible masacre del pueblo, que se conoció como el Caracazo, y allá irrumpió Chávez; pero luego la cárcel, y el tiempo corría, y parecía que aquello ya se había frustrado. Pero Fidel, con esa visión, con esa sabiduría, bueno, invitó al Comandante Chávez aquí a La Habana, estaba aquí en La Habana, en diciembre de 1994, cuando ya él había salido de la cárcel. No estaba aquí en La Habana. De pronto me avisan que Fidel me manda a buscar porque tenemos un acto allá en la Plaza Bolívar de La Habana Vieja. ¿Y con quién me encuentro? Con el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías (Aplausos). Vino la batalla de Chávez, y vino la batalla de Chávez planteándose el camino que se había planteado Allende, y Fidel no titubeó en darle su respaldo, confiar en lo que le decía su sabiduría a Chávez que conocía bien a su pueblo, y finalmente la victoria por la vía electoral de la Revolución Bolivariana en las elecciones de 1998 y la toma del poder en enero de 1999 (Aplausos); pero está claro, a Chávez le intentaron también hacer lo que le hicieron a Allende, porque las elecciones son buenas, son justas, son democráticas cuando ganan las derechas proimperialistas y serviles; pero cuando las ganan los revolucionarios, entonces no son justas, no son democráticas y hay que hacerle la guerra, como se la hicieron a Allende, como se la hicieron a Chávez, como se la hacen hoy a Nicolás (Aplausos).

Y estamos viviendo un nuevo tiempo en nuestra América. En medio de una correlación de fuerzas que, digamos, se ha debilitado, se logró instalar con la Revolución Bolivariana un cambio profundo en nuestra región, y vino el ALBA, obra de Fidel y Chávez, y vino PETROCARIBE, obra de Fidel y Chávez (Aplausos), y vino la Misión Milagros, para que los que no podían ver pudiesen ver, obra de Fidel y Chávez (Aplausos).

Y empezaron a producirse cambios por la vía electoral en toda la región, y esto permitió, bajo esa fuerza de los pueblos, y la firmeza de todos los gobiernos independientemente de su ideología que se concretara el sueño de Bolívar con la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, se hizo realidad (Aplausos). Primero la sede fue en Caracas, con Chávez, y luego, fue Chile, y luego fue Cuba, con Raúl presidiendo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; es decir, nació, nació lo que el imperio se había empeñado en dividir para dominar mejor. Finalmente nació y está viva y, es cierto, que en este nuevo período ha habido reveses, pero el cambio que ya se produjo en América Latina y el Caribe es cualitativo, es irreversible y no habrá amenazas, ¡no habrá amenazas! (Aplausos), ni sanciones, ni bloqueo que vengan a destruir esta unidad latinoamericana y caribeña que de por sí, ya significa una nueva actitud, una nueva bandera de independencia, de soberanía para los pueblos de nuestra América y el Caribe (Aplausos).

Yo le pido a Dios, le pido a Cristo que nos mantenga bien cerca a Fidel, con su sabiduría y con su firmeza en estos momentos en que tocan tambores de guerra. ¡Sabiduría y firmeza! ¿Para qué?, para que juntos los latinoamericanos y caribeños logremos seguir defendiendo el derecho a la paz, a la estabilidad, a la seguridad de nuestros pueblos.

Hoy más que nunca la unidad latinoamericana y caribeña se hace imprescindible, más allá de las ideologías, porque se trata de salvar el futuro de bienestar, de progreso de nuestros pueblos; se trata de salvar la soberanía de nuestros pueblos; se trata de salvar todo aquello que hemos logrado avanzar en todos los campos. Es cierto, no podemos hablar que se ha avanzado de forma totalmente satisfactoria en el campo económico, en el campo social, en el campo del comercio internacional, etcétera; pero se ha avanzado, y tenemos que salvar eso que hemos logrado avanzar, y tenemos que lograr unidos latinoamericanos y caribeños persuadir a los gobernantes norteamericanos, y estoy seguro de que tendremos ahí el entendimiento, el respaldo del pueblo norteamericano, que hacia atrás ya no se puede caminar, solo hacia adelante, a seguir construyendo paz, amistad y solidaridad (Aplausos).

A Raúl, a Dalia, a toda la familia de Fidel y a toda esta gran familia que es el pueblo de Cuba, familia de Fidel les quiero manifestar todo nuestro amor, amor infinito, sin claudicaciones y con toda la solidaridad para este pueblo heroico, para este pueblo valiente que estamos seguro de que seguirá defendiendo las ideas de Fidel (Aplausos).

¡Que viva el pueblo de Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Vicepresidente de Irán: Transmito respeto

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En el nombre de Dios, Excelentísimo señor Raúl Castro Ruz, honorable Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros;

Honorables y respetables autoridades del Partido y el Gobierno cubanos;

Distinguido y revolucionario pueblo de Cuba;

Respetables invitados;

Señoras y señores:

Ante todo, creo necesario expresar el respeto, las condolencias y la consideración del pueblo y el gobierno de la República Islámica de Irán a los familiares, al pueblo resistente y al gobierno revolucionario de Cuba en ocasión del fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz (Aplausos).

Lo que hoy reúne en esta plaza a esta multitud de pueblo y mandatarios, enviados especiales de decenas de países y organizaciones de todo el mundo, es el homenaje a uno de los más destacados revolucionarios de la actualidad, el fallecido Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (Aplausos). Una persona cuyo nombre en el mundo es reconocido no solo como un luchador e independentista cubano, sino como un pensador revolucionario y un libertador para todos los pueblos de la América Latina y para los oprimidos del mundo.

Una persona que brindó su vida a los esfuerzos por defender los derechos de los oprimidos y a la lucha contra el colonialismo, por lo que su nombre, unido al de los grandes líderes libertadores de la historia, quedará eternamente grabada en la memoria de la humanidad. A pesar de que este gran hombre ya no se encuentra físicamente entre nosotros, una multitud de pueblo de todas las razas, continentes y generaciones inspirado en este movimiento emancipador dará continuidad a este valioso camino.

La nación revolucionaria de Irán también, a pesar de la lejanía geográfica, desde comienzos de la Revolución Islámica en el año 1979, estableció una alianza inquebrantable con los ideales antimperialistas del Comandante Fidel. Hoy el gobierno y el pueblo de Irán también comparten con el pueblo cubano la tristeza de la pérdida de tan destacada personalidad.

Tal y como expresara el excelentísimo doctor Rouhaní, Presidente de la República Islámica de Irán en su mensaje de condolencia, por el fallecimiento del Comandante Fidel, y cito: “En la presente era en que las naciones amantes de la libertad del mundo padecen reiteradas violaciones de los más elementales y básicos principios humanos, como la paz, la justicia y la libertad, existen afortunadamente hidalgos y luchadores como Fidel Castro, que ni en los últimos días de su vida, han abandonado la lucha” (Aplausos).

Honorable audiencia;

Distinguidos invitados:

Aprovecho mi presencia en este homenaje para rememorar a ese gran revolucionario y sus memorables y contundentes discursos en esta misma plaza, cuya retórica retumba en los oídos y los corazones de los pueblos del mundo (Aplausos).

Vicepresidente de China: “Fidel es un coloso de nuestra era”

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Estimado compañero Raúl Castro, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros;

Estimados familiares del compañero Fidel Castro;

Estimados dirigentes, compañeros y amigos:

Hoy nos congregamos aquí, desde todas partes del mundo, como manifestación del profundo dolor por la partida del compañero Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana.

En representación del compañero Xi Jinping, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China y presidente de la República Popular China; en nombre del Partido, del Gobierno y el pueblo chinos, quiero expresar nuestras más sentidas condolencias y la más alta estima hacia el compañero Fidel Castro, y nuestro más sincero pésame a sus familiares (Aplausos).

Fundador del Partido Comunista de Cuba y de la causa del socialismo cubano, el compañero Fidel es el gran líder del pueblo de Cuba. Consagró toda su vida a la grandiosa empresa de la lucha del pueblo por su emancipación nacional, la salvaguarda de su soberanía y la construcción del socialismo. Legó a los cubanos y al desarrollo del socialismo mundial contribuciones históricas imperecederas.

El compañero Fidel es un coloso de nuestra era. La historia y los pueblos le recordarán eternamente (Aplausos).

Compañeros, amigos:

En este amargo momento, el corazón del pueblo chino late junto al del pueblo cubano (Aplausos).

El compañero Fidel se entregó en vida a la amistad entre Cuba y China, siguió muy de cerca y valoró altamente el avance de nuestro desarrollo. Con su atención y apoyo personal, Cuba se convirtió en el primer país latinoamericano que estableció relaciones diplomáticas con la República Popular China. Han transcurrido 56 años desde entonces y las relaciones chino-cubanas avanzan considerablemente, obteniendo resultados fructíferos de una cooperación práctica en varias esferas. La amistad entre ambos pueblos crece cada día y resulta inseparable del empeño y la preocupación del compañero Fidel. El pueblo chino lo extrañará profundamente (Aplausos). Su partida es una enorme pérdida para Cuba y los pueblos latinoamericanos.

No solo pierden ustedes a un hijo excelso, pierde también el pueblo chino un compañero entrañable y amigo sincero (Aplausos). Su imagen gloriosa y grandes hazañas quedarán por siempre inscritas en los anales de la historia (Aplausos). Quienes viven han de continuar por aquellos que ya no están. El mejor homenaje al compañero Fidel será promover su espíritu y heredar su causa.

Nos asiste la convicción de que, bajo el firme liderazgo del compañero Raúl Castro, el Partido, Gobierno y el pueblo de Cuba convertirán todo el dolor en fuerzas y continuarán el legado del compañero Fidel, cosechando nuevos éxitos en la edificación del socialismo (Aplausos).

Seguiremos junto a Cuba, profundizando, de manera sostenida, la amistad y cooperación entre ambos partidos y países, por el bienestar y la felicidad de nuestros pueblos. Juntos contribuiremos, de forma activa, a la noble causa de la paz y al desarrollo mundial (Aplausos).

¡Gloria eterna al gran compañero Fidel Castro! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”) (Aplausos.)

Tsipras: Cuba es un ejemplo de dignidad y resistencia

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Hermanos y hermanas;

Valiente pueblo de Cuba (Aplausos):

Aquí, desde la Plaza de la Revolución, como corresponde a este gran revolucionario del siglo XX, despedimos hoy al Comandante Fidel. Despedimos a un símbolo internacional de la lucha y la resistencia, quien con su ejemplo inspiró las luchas de los pueblos en todo el mundo por la independencia, la libertad, la justicia y la dignidad.

Despedimos al Fidel de los pobres, de los humildes, de los oprimidos y de los que jamás se rinden, el Fidel de ustedes, nuestro Fidel, el Fidel que pertenece a todos los rincones de este planeta, el Fidel que pertenece a la historia (Aplausos).

Es un gran honor participar en este momento histórico en representación del pueblo griego, un pueblo que vive en un rincón del planeta muy distante de ustedes, pero muy cercano a los valores e ideales por los que ustedes han luchado y luchan (Aplausos). Porque al igual que el pueblo cubano, en los momentos críticos de su historia, el pueblo griego no vaciló en levantarse y luchar contra poderosos adversarios para reclamar su libertad e independencia, su dignidad y sus derechos.

¡Libertad o muerte! fue el lema de la revolución griega de 1821; ¡Patria o Muerte! fue el lema de la Revolución Cubana de 1959 (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”).

Siguiendo los pasos de Simón Bolívar y José Martí, junto con el Che Guevara, Fidel logró que Cuba dejase de ser una dictadura más para convertirse en un símbolo internacional de resistencia y dignidad nacional (Aplausos).

Fidel le deja un valioso legado al pueblo cubano en los campos de la educación, la erradicación del analfabetismo, la salud, sus niveles superiores de ciencia y cultura, pero también les deja un valioso legado a todos los pueblos, porque inspiró los cambios políticos y sociales en América Latina, creó las bases para una nueva era de integración regional y las condiciones para la coexistencia pacífica y la cooperación entre Cuba y occidente.

La Cuba de Fidel, no obstante, nos enseñó que el camino al socialismo no está cubierto de rosas, también está lleno de dificultades, reveses y altibajos. Hemos aprendido de él, de sus logros y de los reveses.

Fidel nos enseñó que la lucha por las transformaciones sociales es una batalla permanente que exige grandes sacrificios, como los sacrificios que el pueblo de Cuba ha soportado con estoicismo durante el embargo impuesto a su país como chantaje y castigo permanentes. Y tal vez nosotros en Europa no podamos imaginar las dificultades que ustedes han debido soportar, pero nosotros también tenemos nuestras propias fuerzas opresoras, la lógica inhumana de las leyes del mercado en el neoliberalismo.

Y nosotros en la lejana Grecia luchamos por la justicia y la dignidad, y en esta lucha nos acompaña y nos acompañará siempre el ejemplo de Fidel en nuestras victorias y en nuestras derrotas, en nuestros desafíos y en nuestros compromisos (Aplausos).

Fidel ha fallecido, pero siempre estará presente en las pequeñas y grandes batallas de los pueblos en todo el planeta, en la llama de la resistencia de los oprimidos que reafirman su dignidad, en la fuerza de aquellos que luchan con pasión para reclamar lo imposible y dejar de vivir lo inaceptable cambiando el curso de la historia.

¡Adiós, Comandante, hasta la victoria siempre! (Aplausos.)

Jacob Zuma: Sabíamos que podíamos confiar en Cuba

jacob-sumaExcelentísimo Presidente Raúl Modesto Castro Ruz y miembros de su gobierno;

Miembros de la familia Castro Ruz;

Jefes de Estado y Gobierno;

Miembros del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;

Miembros del Cuerpo Diplomático;

Miembros también del Cuerpo Consular;

Pueblo enlutado, como el nuestro;

Compañeros y amigos:

El pueblo y el gobierno de la República de Sudáfrica conocieron con tristeza el fallecimiento de uno de los grandes revolucionarios de nuestro tiempo y uno de los grandes héroes del siglo XX, nuestro compañero el Presidente Fidel Castro Ruz.

Nos sumamos a las fuerzas progresistas de todo el mundo a guardar luto y a celebrar la vida de este internacionalista reconocido y de este antimperialista, quien respaldó, de manera desinteresada, las luchas de los oprimidos y los explotados. La muerte del compañero Fidel es una pérdida dolorosa para el pueblo de Sudáfrica. Él estuvo al lado nuestro en solidaridad y respaldó la lucha, incluida la campaña internacional para aislar al régimen del apartheid. Sabíamos que podíamos confiar en Cuba, un amigo y un aliado de los oprimidos.

La relación especial, profunda e imperecedera entre Cuba y Sudáfrica se cimentó con la sangre de los soldados cubanos heroicos, quienes pagaron el sacrificio supremo por su convicción en el antimperialismo, la libertad y la justicia (Aplausos).

Cuba desplegó casi medio millón de soldados y oficiales en África para respaldar las luchas por la independencia nacional o en contra de la agresión extranjera durante 30 años. La intervención de Cuba en Angola se destaca como uno de los ejemplos más grandes de la solidaridad internacional que cambió el rumbo de la historia (Aplausos).

El compañero Fidel desplegó tropas de combate, asesores militares y equipamiento para defender a Angola de una invasión lanzada por las fuerzas de defensa de la Sudáfrica racista, que estaba respaldada por las fuerzas locales negativas.

Esta misión comprendió también liberar a Namibia y fomentar los esfuerzos de liberación en Sudáfrica entre 1987 y 1988. Fue esta interacción la que condujo a la batalla épica de Cuito Cuanavale en 1988, en la cual los cubanos obligaron al régimen del apartheid racista de Sudáfrica a replegarse, de una manera humillante y devastadora (Aplausos).

La derrota histórica de las fuerzas racistas consolidó la victoria del MPLA en Angola, y también sentó las bases para la independencia de Namibia en 1990, y condujo, además, a la propia liberación de Sudáfrica en 1994. ¡Saludamos al compañero Fidel por este sacrificio desinteresado! (Aplausos.)

En África, Cuba no estaba buscando oro, ni diamantes, ni petróleo; los cubanos solo querían ver la libertad, querían ver también el fin del tratamiento de África como si fuera un terreno de juego para las naciones poderosas mientras que los pueblos sufrían.

Al dirigirse al Parlamento de Sudáfrica en 1998, el compañero Fidel dijo lo siguiente acerca de los soldados cubanos en África: De las tierras de África, en las que trabajaron y lucharon de manera voluntaria y desinteresada, solamente se llevaron a casa los restos de sus compañeros caídos y el honor de haber cumplido su deber (Aplausos). Es por ello que conocemos y valoramos las cualidades humanas de África mucho más que aquellos que durante siglos colonizaron y explotaron este continente.

También recordamos las palabras pronunciadas por el presidente Oliver Tambo en la Reunión Cumbre de los No Alineados, celebrada aquí en La Habana en 1979, y dijo: Los africanos hemos llegado a conocer a los cubanos, y no sencillamente porque los hemos conocido en su propio país, sino porque ellos viven con nosotros en África, luchan con nosotros, mueren con nosotros, sufren reveses y logran victorias con nosotros. Ellos se han convertido en parte del pueblo luchador de nuestro continente (Aplausos).

Recordaremos al compañero Fidel como un gran luchador por el ideal de que los pobres tienen el derecho de vivir en dignidad. Es por ello que la Revolución Cubana fue y sigue siendo una fuente de inspiración para Sudáfrica y para el mundo en cuanto a cómo lograr una vida mejor para los pobres (Aplausos).

Hoy día Cuba exhibe indicadores de salud que son superiores a los de muchos países desarrollados. Cuba ha enviado a miles de sus médicos a muchas regiones del mundo (Aplausos). Sudáfrica se ha beneficiado de la presencia de muchos médicos cubanos en nuestros hospitales y clínicas, a menudo situados en las regiones más distantes de nuestro país. Así mismo, muchos jóvenes nuestros se han formado como médicos en Cuba y muchos otros continúan estudiando en este país.

Cuba también abrió las puertas de sus escuelas y universidades para la formación de muchos sudafricanos durante los días en que estábamos en el exilio.

En 1998, durante la visita del Presidente Fidel Castro a Sudáfrica, el presidente Mandela señaló que los logros de Cuba en la prestación de servicios sociales, entre ellos la educación y la salud, eran una fuente de inspiración. Mandela dijo: que ello trasmitía un mensaje al mundo en desarrollo, un mensaje en el sentido de que la ignorancia y la enfermedad no eran condiciones inalterables de la vida humana.

Admiramos también el sistema de valores de Cuba, el cual comprende un profundo sentido del patriotismo. Esto es algo que queremos que nuestra juventud aprenda en la medida que construimos una nueva sociedad basada en la solidaridad humana en nuestro propio país.

Excelencias:

Es también sorprendente que Cuba haya cosechado todos estos logros en el desarrollo humano a pesar de enfrentar uno de los bloqueos económicos más implacables e injustos impuesto por Estados Unidos de América. Continuaremos respaldando los esfuerzos en pro de que se levante el bloqueo económico a Cuba por parte de Estados Unidos (Aplausos). Instamos a las Naciones Unidas que desem
peñe su papel en la solución de este impasse, que ya lleva varios decenios.

Excelencias, compañeros y amigos:

El Comandante en Jefe Fidel Castro atrajo a muchos enemigos y sobrevivió a cientos de atentados contra su vida debido a su posición firme en contra del imperialismo.

Debemos esforzarnos por llevar adelante los ideales que él abrazó: los ideales del internacionalismo, la libertad, la igualdad, la justicia y un mundo mejor y más justo (Aplausos).

Debemos fortalecer la voz del sur y profundizar la colaboración en el seno del Grupo de los 77, más China, así como en el seno del Movimiento No Alineado y en el Grupo BRIChS.

Trasmitimos nuestras más profundas condolencias a la familia, al gobierno y al pueblo de Cuba (Aplausos).

¡Adiós, compañero Fidel! Usted haganado su carrera, usted ha peleado una buena batalla ¡Que su alma ahora descanse en paz eterna! (Aplausos.)

Muchas gracias (Aplausos).

Rafael Correa: Fidel murió invicto

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Pueblos de Nuestra América y del mundo: Fidel ha muerto.

Murió invicto, solo el inexorable paso de los años lo pudo derrotar. Murió el mismo día en que 60 años antes, con 82 patriotas, partió de México para hacer historia.

Murió haciendo honor a su nombre: Fidel, digno de fe. La fe que puso en él su pueblo y toda la patria grande; fe que nunca fue ni siquiera decepcionada, peor aun traicionada.

Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos.

Fidel seguirá viviendo en los rostros de los niños que van a la escuela, de los enfermos que salvan sus vidas, de los obreros dueños del fruto de su trabajo. Su lucha continúa en el esfuerzo de cada joven idealista empeñado en cambiar el mundo.

En el continente más desigual del planeta nos dejaste el único país con cero desnutrición infantil, con la esperanza de vida más alta, con una escolarización del ciento por ciento, sin ningún niño viviendo en la calle (Aplausos).

Evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía (Aplausos). Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar.

Probablemente, por tu formación jesuita, entendiste muy bien —como decía San Ignacio de Loyola— que en una fortaleza sitiada cualquier disidencia es traición.

Para evaluar su sistema político hay que entender que Cuba ha vivido una guerra permanente. Desde el inicio de la Revolución existe una Cuba del norte allá en Miami, asechando permanentemente a la Cuba del sur, la libre, la digna, la soberana, la mayoritaria en la tierra madre, no en tierras extrañas (Aplausos). No han invadido a Cuba porque saben que no lograrán vencer a todo un pueblo (Aplausos).

Aquí, en esta isla maravillosa, se han construido murallas, pero no de las que construyen los imperios, sino murallas de dignidad, de respeto, de solidaridad (Aplausos).

Cuba saldrá adelante por sus principios revolucionarios, por su extraordinario talento humano; pero también porque la resistencia está integrada en su cultura, y con el ejemplo de Fidel jamás el pueblo cubano permitirá que su país vuelva a ser colonia de ningún imperio (Aplausos).

No hay ser humano ni acción trascendente que no tenga detractores, y Fidel y su Revolución trascendieron en el espacio y trascenderán en el tiempo.

Contigo se cumple lo que nuestro viejo luchador, el general Eloy Alfaro, amigo de Martí, solía decir: Si en lugar de afrontar el peligro, hubiera yo cometido la vileza de pasarme al enemigo, habríamos tenido paz, mucha paz: la paz del coloniaje.

Cuba fue solidaria con la revolución liberal alfarista de fines del siglo XIX y ha sido solidaria con nuestra revolución ciudadana del siglo XXI.

Muchas gracias, Fidel; muchas gracias, pueblo cubano (Aplausos).

La mayoría te amó con pasión, una minoría te odió; pero nadie pudo ignorarte. Algunos luchadores en su vejez son aceptados hasta por sus más recalcitrantes detractores, porque dejan de ser peligrosos; pero tú ni siquiera tuviste esa tregua, porque hasta el final tu palabra clara y tu mente lúcida no dejaron principios sin defender, verdad sin decir, crimen sin denunciar (Aplausos).

Bertolt Brecht decía que solo los hombres que luchan toda la vida son imprescindibles. Conocí a Fidel y sé que jamás buscó ser imprescindible, pero sí que luchó toda la vida (Aplausos). Nació, vivió y murió con la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio.

Nosotros seguiremos jugando a lo perdido y tú seguirás vibrando en la montaña con un rubí, cinco franjas y una estrella (Aplausos).

Nuevas tormentas enfrenta Nuestra América, quizás más fuertes que aquellas que desafiaste durante 70 años de lucha, primero como estudiante y en el Moncada, luego como guerrillero en la Sierra Maestra, y, finalmente, al frente de una revolución triunfante.

¡Hoy más unidos que nunca, pueblos de Nuestra América! (Aplausos.)

Querido Fidel, tu honda convicción martiana te llevó a estar siempre no del lado en que se vive mejor, sino del lado en que está el deber.

“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos;

es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.”

Contigo, Comandante Fidel Castro Ruz, con Camilo Cienfuegos, con el Che, con Hugo Chávez Frías, aprendimos a creer en el hombre nuevo latinoamericano capaz de librar con organización y conciencia la lucha permanente de las ideas liberadoras para construir un mundo de justicia y de paz (Aplausos).

Por esas ideas seguiremos luchando, ¡lo juramos! (Exclamaciones de: “¡Juramos!”)

Un abrazo solidario a Dalia, a Raúl, a tus hijos.

Hasta la victoria siempre, Comandante (Aplausos).

La sana picardía revolucionaria

Fidel Castgro. Nueva York, 1971. Fotografía de Yousuf Karsh

No recuerdo el momento exacto en que incorporé a mi enunciación personal la enjundiosa expresión. Era muy joven y con muchas ganas de aprender. El acto locutivo me llegaba de uno de aquellos admirables mayores, que habían militado en el “viejo Partido Comunista cubano”, cuyas cicatrices en ambas manos testimoniaban las torturas sufridas en una prisión batistiana. El hombre miró por sobre mi a la distancia, a una distancia de sabidurías propias y remembranzas, venidas de haber vivido mucho, sin pasar por pasar, para exprimir en su memoria, con algo particular que denotaba su semblante y remató: “la sana picardía revolucionaria nos la enseñó Fidel”

Fidel ha ido transcurriendo de coetáneos redimidos a padre inspirador. “Cuídese, padre” le decía un fornido constructor a su paso por una obra en La Habana. Por entre insólitos quehaceres y desvelos ha conducido una epopeya singular, cuya anchura se va sedimentando y acompaña en insondables rutas al capital simbólico de la nación. A veces, una sola frase suya, ahora desde su reposo fecundo abre un cosmos: “no confío en la política de Estados Unidos” que, bastaría para un tratado epistemológico para la Cuba futura.

Padre también le llamó Hugo Chávez muchas veces, agrandando el afecto a “padre ideológico” y comparándolo con Simón Bolívar. La afectuosidad entre ambos llegó a ser un regocijo de pueblos, que escapa a definiciones, pero está enraizada en el ardor de los latinoamericanos y caribeños. Quizás pocos saben que cuando Chávez tuteaba a Fidel, causaba asombro entre los cubanos acostumbrados a llamarle “Usted”, “Comandante”, “Fidel”…

Es que él “descubrió” a aquel terremoto del “por ahora…” en la puja de la utopía realizable de Nuestra América, y quizás hasta vislumbró la urgencia de encontrarlo personalmente. Ideó que lo invitase el historiador de la Habana, Eusebio Leal, pero le dio el sorpresón de recibirlo en la escalerilla de la aeronave a su arribo al aeropuerto habanero. Luego, queriéndole ver disertar, propició que su facundia ardorosa y sapiencia bolivariana, se desbordara en la histórica Aula Magna de la Universidad de La Habana. Chávez llegó a ser recurrentemente familiar, por el cariño que se le dispensaba en la Isla, no solo en el Gobierno.

Sabíamos de aquellas enjundiosas y largas charlas por Chávez que contaba haber sostenido con Fidel. Se producía lo más excelso de dos grandes revolucionarios: soñar y tener la audacia de construir. Quizás nadie pueda nunca saber cuánto aprendió el uno del otro y en cuanto se complementaron, siempre con ese modo respetuoso probado de Fidel, de compartir experiencias, pero nunca interferir, como han dicho el sandinista Daniel Ortega, o el líder indígena Evo Morales.

Chávez, carismático y divertido, disfrutaba de Fidel y este le seguía el tono con el mismo agrado y diversión entrañables. A veces no parecían dos estadistas de talla, sino simples amigos en algún encargo público. Así, sin percatarnos un buen día el venezolano estaba desafiando al Comandante a un juego de beisbol en el que ambos participarían. Lo que Chávez quizás no aquilataba centrado en el choque pactado y la superioridad física de sus co-equiperos y sus propias facultades físicas, ya que era un buen lanzador zurdo; es que cada vez que le decía a Fidel, que lo iba a derrotar en el partido, el Comandante reía con los ojos iluminados, que sus coterráneos como nadie, saben interpretar, casi por mística.

Obviamente, nadie tenía ni la más remota idea de lo que el líder cubano podría hacer ante la derrota previsible de su equipo, frente a un público de unos 45 mil aficionados, y millones de televidentes, en el terreno beisbolístico más emblemático de la Isla, el estadio Latinoamericano. Para la afición cubana y venezolana, muy conocedoras del deporte de las bolas y los strikes, las probabilidades de Cuba contra Venezuela eran de uno contra mil o un millón, decían algunos. Chávez estaba confiado y no dejaba de insistir jocosamente, provocando a Fidel, con la derrota.

La noche del 18 de enero de 1999 daba inicio aquel juego memorable de veteranos del beisbol de Cuba y Venezuela. Fidel sin apartarse de su estilo, tal vez en los pocos ratos de ocio que le permitían sus altas responsabilidades, se había anticipado. Lo planificó todo con minuciosidad, como una operación de inteligencia diseñó hasta el más mínimo detalle, en el más riguroso sigilo, y se preparó para gastar a Chávez y su equipo, la mayor broma que podría imaginarse a un jefe de estado.

Inició el juego. Los venezolanos salieron delante en el marcador como se esperaba, frente a nuestros ilustres veteranos y solo quedaba verlos en la grama del estadio, más allá de que ganaran o perdieran, con el añadido de ver a Chávez de pitcher y a Fidel con camisa de pelotero y pantalón verde olivo.

En el estadio y en sus casas los cubanos trataban de identificar a sus glorias del beisbol y no acertaban, ante aquellos barrigones, con arrugas y barbas encanecidas, pero irreconocibles: ¿cómo era que la fanaticada no podía identificar a sus viejos ídolos? (Sic). A la altura del tercer capítulo del desafío, comenzaron jugadas poco creíbles, atrapadas que requerían reflejos y una movilidad no apta para veteranos. Aquellos gordos iban a las pelotas con mucha agilidad y daban batazos como de jugadores en plena forma deportiva. Comenzaron las sospechas y las risas en el público, alguien creía reconocer a peloteros del equipo Cuba. Poco a poco se fue develando la incógnita. Fue Chávez, quien en primera base identificó a Orestes Kindelán. El Presidente beisbolista hacía gestos, se reía, protestaba, les hacía señas a los árbitros. Fidel había montado lo impensable, que los cubanos disfrutaban a más no poder. Los venezolanos no salían del desconcierto y la frustración. Fidel debió persuadir a casi uno de que se trataba de una broma a Chávez. Aseguraba, entre risas, que jamás había firmado tantas pelotas como recuerdo de un grato momento.

Se ha hablado bastante del inolvidable juego de pelota. Hay fotos y videos. Pero, quedó un mensaje poco referido: ni su mejor amigo, Hugo Chávez, podría decir que lo había derrotado, aunque fuese en el campo deportivo. Quedó el magisterio o el ejemplo, como se quiera entender, más allá de una divertida contienda de un juego de beisbol, como hizo tantas veces en su trayectoria cargada de peligros y victorias, que han hecho historia y leyenda imborrables.

Gabriel García Márquez, quien compartiera una larga amistad con Fidel, escribió: “Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria.”. Valoraba su actuar como un rasgo de su personalidad.

Pero, los revolucionarios auténticos se acompañan del arte singular de sobreponerse a la adversidad. Lo que Fidel, siempre ha practicado, es la posibilidad de anticiparse, de prever para convertir una derrota pronosticada en victoria, por vías creativas y sin aferrarse a dogmas.

Eso fue lo visto en aquel juego de beisbol de 1999, y desde entonces supongo, era lo que me quería transmitir aquel viejo comunista, marcado en sus manos por cicatrices de tortura, mientras veía en la distancia de su tiempo. Fidel en el juego contra su amigo Chávez, había enseñado practicando, una vez más, el valer de la sana picardía revolucionaria.

Fotos:
Nueva York, 1971. Fotografía de Yousuf Karsh.
© Museum of Fine Arts, Boston, EE.UU.
El presidente cubano, Fidel Castro, bromea con el presidente venezolano Hugo Chávez, a su llegada a La Habana, el 15 de noviembre de 1999. Foto AP / GregoryBull. Otras no tienen fuente atribuida.