Pueblo, plaza y discursos

Se calcula en un millón de personas las reunidas en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 29 de noviembre de 2016, para despedir al Comandante de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, que había fallecido el 25 anterior.
La tarde-noche caía. El ambiente era luctuoso. Acompañaba al pueblo cubano un grupo de presidentes y altos dignatarios, que solicitaron asistir a las exequias y usaron de la palabra 17 oradores. Concluyó la concentración con las palabras del presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz.
El acto, que se extendió por tres horas y media, comenzó con las notas del Himno Nacional cubano y a continuación la actriz Corina Mestre declamó poema del autor cubano Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí.

Marcha Triunfal del Ejército Rebelde
burt-glinn¡Primero de Enero!/ Luminosamente surge la mañana./
¡Las sombras se han ido! Fulgura el lucero/
de la redimida bandera cubana.
El aire se llena de alegres clamores./ Se cruzan las almas, saludos y besos,/ y en todas las tumbas de nobles caídos/
revientan las flores y cantan los huesos.
Pasa un jubiloso ciclón de banderas/ y de brazaletes de azabache y grana./ Mueve el entusiasmo balcones y aceras,/
grita desde el marco de cada ventana.
A la luz del día se abren las prisiones/ y se abren los brazos; se abre la alegría/ como rosa roja en los corazones/
de madres enfermas de melancolía.
Jóvenes barbudos, rebeldes diamantes/ con trajes de olivo bajan de las lomas,/ y por su dulzura los héroes triunfantes/
parecen armadas y bravas palomas.
Vienen vencedores del hambre, la bala y el frío/ por el ojo alerta del campesinado/ y el amparo abierto de cada bohío./ Vienen con un triunfo de fusil y arado./ Vienen con sonrisa de hermano y amigo./ Vienen con fragancia de vida rural./ Vienen con las armas que al ciego enemigo/ quitó el ideal.
Vienen con el ansia del pueblo encendido./ Vienen con el aire y el amanecer/ y, sencillamente,
como el que ha cumplido/ un simple deber.
No importa el insecto, no importa la espina,/ la sed consolada con parra del monte,/ el viento, la lluvia, la mano asesina/ siempre amenazando en el horizonte.
¡Sólo importa Cuba! Sólo importa el sueño/ de cambiar la suerte./ ¡Oh, nuevo soldado que no arruga el ceño/ ni viene asombrado de tutear la muerte!/ Los niños lo miran pasar aguerrido/ y piensan, crecidos por la admiración,/ que ven a un Rey Mago rejuvenecido,/ y con cinco días de anticipación.
Pasa fulgurante Camilo Cienfuegos./ alumbran su rostro cien fuegos de gloria./ Pasan capitanes, curtidos labriegos/
que vienen de arar en la Historia.
Pasan las Marianas, sin otras coronas/ que sus sacrificios: cubanas marciales,/ gardenias que un día se hicieron leonas/ al beso de doña Mariana Grajales.
Con los invasores, pasa el Che Guevara,/ alma de los Andes que trepó el Turquino,/ San Martín quemante sobre Santa Clara,/ Maceo del Plata, Gómez argentino.
Ya entre los mambises del bravío Oriente,/ sobre un mar de pueblo, resplandece un astro:/ ya vemos… ya vemos la cálida frente,/ el brazo pujante, la dulce sonrisa de Castro.
Lo siguen radiantes Almeida y Raúl,/ y aplauden el paso del Héroe ciudades quemadas,/ ciudades heridas, que ya están curadas,/ y tienen un cielo sereno y azul.
¡Fidel, fidelísimo retoño martiano,/ asombro de América, titán de la hazaña,/ que desde las cumbres quemó las espinas del llano,/ y ahora riega orquídeas, flores de montaña!
Y esto que las hieles se volvieran miel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que la ortiga se hiciera clavel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que mi Patria no sea un sombrío cuartel,
se llama… ¡Fidel!
Y esto que la bestia fuera derrotada por el bien del hombre,/ y esto, esto que la sombra se volviera luz,/ esto tiene un nombre, sólo tiene un nombre…
¡Fidel Castro Ruz!

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Raúl Castro: Las vibrantes palabras de Fidel resuenan hoy en esta Plaza

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno;

Señores Jefes de Delegaciones;

Destacadas personalidades;

Amigos todos;

Querido pueblo de Cuba (Aplausos):

Aunque me corresponderá pronunciar el discurso final el próximo 3 de diciembre, cuando nos reunamos en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, deseo manifestar ahora, en nombre de nuestro pueblo, Partido y Gobierno, así como de la familia, sincera gratitud por su presencia en este acto (Aplausos), por las emocionantes palabras que aquí se han expresado y también por las extraordinarias e innumerables muestras de solidaridad, afecto y respeto recibidas de todo el planeta en esta hora de dolor y de compromiso.

Fidel consagró toda su vida a la solidaridad y encabezó una Revolución socialista “de los humildes, por los humildes y para los humildes” que se convirtió en un símbolo de la lucha anticolonialista, antiapartheid y antimperialista, por la emancipación y la dignidad de los pueblos.

Sus vibrantes palabras resuenan hoy en esta Plaza, como en la Concentración Campesina del 26 de julio de 1959 en apoyo a la Reforma Agraria, que fue como cruzar el Rubicón y desató la condena a muerte de la Revolución. Aquí Fidel ratificó que “la Reforma Agraria va”. Y la hicimos. Hoy, 57 años después, estamos honrando a quien la concibió y encabezó.

En este lugar, votamos junto a él la Primera y la Segunda Declaración de La Habana de 1960 y 1962, respectivamente (Aplausos). Frente a las agresiones apoyadas por la Organización de Estados Americanos (OEA) Fidel proclamó que “detrás de la Patria, detrás de la bandera libre, detrás de la Revolución redentora… hay un pueblo digno” dispuesto a defender su independencia y “el común destino de América Latina liberada”.

Estaba junto a Fidel en el edificio que ocupa hoy el MINFAR, o sea, Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, cuando escuchamos la explosión del barco francés La Coubre, que traía las primeras y únicas armas que pudimos comprar en Europa, y partimos al muelle, porque ya sabíamos que solo esa explosión podía originarse en el barco que estaba descargando esas armas, para socorrer a las víctimas, cuando minutos después de nuestra llegada se produjo, como trampa mortal, una segunda explosión. Entre ambas causaron 101 muertos y numerosos heridos.

Aquí, con él, se hizo la Declaración de Cuba como Territorio Libre de Analfabetismo en diciembre de 1961 (Aplausos), al terminar la Campaña de Alfabetización protagonizada por más de 250 000 maestros y estudiantes que no se detuvo, mientras ese mismo año los veteranos del Ejército Rebelde y las nacientes Milicias Nacionales Revolucionarias combatían a los mercenarios en Playa Girón y en las zonas montañosas contra las bandas armadas infiltradas desde el exterior que, entre otras muchas y múltiples fechorías, asesinaron a 10 jóvenes alfabetizadores. Se venció en Girón y se cumplió al mismo tiempo con la alfabetización de todo el país (Aplausos), para consagrar, como dijo entonces Fidel, que “los jóvenes tienen el porvenir en sus manos” (Aplausos).

Con profunda emoción aquí mismo escuchamos al Comandante en Jefe en esta Plaza, en la Velada Solemne de octubre de 1967, para rendir tributo al inolvidable Comandante Che Guevara y regresamos a ella, 30 años después, durante la etapa más dura del Período Especial, para comprometernos ante sus restos a que seguiríamos su ejemplo inmortal.

Estremecidos e indignados, asistimos a la Despedida de Duelo de las 73 personas asesinadas por el terrorismo de Estado en la voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados, entre ellas los jóvenes ganadores de todas las medallas de oro en el cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima. En esa ocasión repetimos con él que “cuando un pueblo enérgico y viril llora”, (Exclamaciones de: “¡La injusticia tiembla!”), exactamente, “¡la injusticia tiembla!” (Aplausos.)

Es esta la Plaza de importantes marchas del Primero de Mayo de la capital; en 1996 contra el bloqueo y la Ley Helms-Burton, que aún se mantienen; del enorme Desfile de 1999 y de la Tribuna Abierta de la Juventud, los Estudiantes y los Trabajadores del 2000, donde Fidel expuso su concepto de Revolución, que en estos días millones de cubanos hacen suyo con su firma, en un acto de voluntad sagrado (Aplausos).

Es este el lugar a donde hemos acudido para respaldar los acuerdos de nuestros Congresos del Partido Comunista de Cuba.

En ese mismo espíritu ha venido en estos días el pueblo, con una gran participación de los jóvenes, a rendir emocionado tributo y a jurar lealtad a las ideas y a la obra del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana (Aplausos).

Querido Fidel:

Junto al Monumento a José Martí, héroe nacional y autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada, donde nos hemos reunido durante más de medio siglo, en momentos de extraordinario dolor, o para honrar a nuestros mártires, proclamar nuestros ideales, reverenciar nuestros símbolos y consultar al pueblo trascendentales decisiones; precisamente aquí, donde conmemoramos nuestras victorias, te decimos junto a nuestro abnegado, combativo y heroico pueblo: ¡Hasta la victoria siempre! (Exclamaciones de: “¡Siempre!” y Aplausos)

(Exclaman consignas de: “¡Viva Fidel! ¡Viva Raúl!”.)

Maduro: ¡Comandante, misión cumplida!

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Queridos compañeros, compañeras:

Es impresionante la manifestación de amor del pueblo cubano de La Habana y del pueblo de Cuba en esta noche gloriosa de historia grande de la Patria común (Aplausos). Se desbordó La Habana de amor de la juventud, de las mujeres, de los militares (Aplausos); de amor fideliano.

¡Fidel, Fidel, qué tiene Fidel! (Exclamaciones de: “¡Qué los imperialistas no pueden con él!”)

No pudieron, ni podrán. No pudieron con Fidel, ni podrán con el pueblo de Cuba, ni con los sueños de esperanza y de vida de la Patria grande (Aplausos y consignas) No me provoquen (Exclamaciones de: “¡Maduro, Maduro, a los yanquis dale duro!”)

¡Qué viva Fidel! (Exclamaciones de “¡Viva!”)

¡Qué viva Chávez! (Exclamaciones de “¡Viva!”)

¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)

Es impresionante de verdad, le estaba diciendo a Raúl, nuestro querido hermano mayor, general de Ejército, presidente del Consejo de Estado y de Ministros y presidente del corazón de Cuba, nuestro hermano Raúl Castro Ruz (Aplausos), que no había mejor forma de decirle hasta pronto, hasta siempre a Fidel, que lo que se ha hecho en esta plaza llena de energía histórica, de páginas escritas durante seis décadas de batalla, al escuchar la fuerza de las ideas de la diversidad cultural, política del mundo; líderes, lideresas, gobiernos, hombres y mujeres de cinco continentes han venido a decir en todos los idiomas del planeta Tierra: ¡Fidel, hasta siempre! ¡Fidel, presente! (Aplausos.)

Y nosotros hemos venido en una delegación llena de amor, de agradecimiento, porque nos consideramos hijos de Chávez, y ser hijos de Chávez es representar lo más grande de lo que asumió nuestro Comandante, porque él se asumió hijo de Fidel Castro Ruz, de sus ideas y de su ejemplo (Aplausos).

Como decía Daniel Ortega: Comandante invicto. Daniel acaba de romper el récord en una victoria electoral de casi 80% del voto del pueblo nicaragüense (Aplausos).

Cuando parecía que las luces se apagaban en el mundo surgió la fuerza de Bolívar otra vez, 4 de febrero de 1992, nuestro invicto Comandante Hugo Chávez, y no había terminado de salir de la cárcel de la dignidad, cuando lo primero que hizo fue preparar sus maletas y venirse hasta Cuba, 1994, a saludar al Comandante de la dignidad de América Latina y el Caribe, Fidel Castro (Aplausos). No hubo un día que desde aquella época la prensa burguesa e imperialista no le dijeran: Fidel, el abrazo de no sé qué cosa, le decían, y siempre Chávez nos decía: “La señal está marcada, la Revolución Bolivariana que apenas nace es hermana del alma y de la historia de la Revolución Cubana.” Así ha sido, así será por ahora y para siempre por designio de los gigantes que nos fundaron.

Hoy hemos venido en una delegación llena de esa carga, de ese amor, y quiero hablar en nombre de la voz de millones, está presente en la delegación de la República Bolivariana de Venezuela, el compañero hermano mayor del Comandante Chávez, Adán Chávez Frías; sus dos hijas: Rosa, María (Aplausos). Por nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana el general en jefe, Vladimir Padrino; la almiranta en jefa, Carmen Meléndez; el diputado Elías Jaua; el gobernador Tarek; el embajador Rafael Ramírez; el periodista Ernesto Villegas y Walter Martínez, que anda por ahí; una delegación cívico-militar y con ese espíritu.

Hemos venido aquí a este lugar sagrado para honrar al eterno joven, al eterno soñador, al eterno rebelde. De la Patria de Bolívar y de Chávez traigo una voz, Comandante, una voz que lleva en sí millones de voces para decirle con la mayor admiración y la mayor gratitud: ¡Comandante, misión cumplida, misión cumplida, sí, plena y espléndidamente cumplida! (Aplausos.)

Hoy con tu partida, Fidel, con su cambio de paisaje, como dijera nuestro cantor Alí Primera, puedo comprender cabalmente aquellas palabras que nos dijera a Evo y a mí el 13 de agosto del año 2015 cuando cumplía 89 años, y en una larga conversación de pronto nos vio a los ojos con su mirada de águila y nos dijo: “Maduro, Evo, yo los acompaño hasta los 90 años” (Aplausos). Y yo le dije sorprendido, porque Fidel todo lo que decía lo cumplía, le dije: “No, Comandante, no nos puede dejar.” Y él me miró con mirada compasiva como de un padre a un niño y me dijo: “Ya yo hice lo que tenía que hacer, ahora les toca a ustedes, Evo, Maduro, a ustedes.” (Aplausos). Contundente, inobjetable. Ahora nos toca a nosotros y a nosotras. ¡Es así, Fidel! (Aplausos.) Él sobrecumplió su misión en esta tierra, la sobrecumplió más allá de las expectativas más grandes que pudiera haber. Pocas vidas han sido tan completas, tan luminosas. Se va invicto, eso es mejor, como dicen ustedes, no se va, se queda invicto entre nosotros, absuelto, ¡absolutamente absuelto por la historia grande de la Patria! (Aplausos.)

Ahora también comprendo otras palabras suyas vertidas en una de las tantas lecciones que hasta ahora no hace mucho nos impartió y que fueron publicadas en el año 2007 bajo el título Reflexiones del compañero Fidel, y nos decía, sobre todo a la juventud, a los más jóvenes, a los niños y a las niñas que ya levantan con su conciencia este tiempo: “De no existir la convicción del valor de la conciencia y su capacidad de prevalecer sobre los instintos, no se podría expresar siquiera la esperanza de cambios en cualquier período de la brevísima historia del hombre.”

Fidel siempre estuvo seguro del valor de su propia conciencia, lo estuvo con fidelísima convicción para honrar así su propio nombre de pila, de tal seguridad venían su increíble coraje histórico, su valentía a toda prueba.

Quiero evocar en esta hora una frase de Víctor Hugo a la que tantas veces hizo referencia nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, cito: “No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.” En realidad y en verdad Fidel se hizo una idea invencible a la que le llegó su tiempo y que se extendió en el tiempo de generación en generación en la Patria grande y en toda la humanidad (Aplausos).

Cuando digo Fidel, cuánta historia decimos, tantos nombres, tantos hombres, tantas mujeres, Moncada, Abel, Haydeé, Melba, Raúl, Vilma, Juan Almeida, Granma, Frank, Che, Camilo, Daniel, Sierra Maestra, Girón, las dos Declaraciones de La Habana, la Crisis de Octubre, Martí, Martí, Martí, ¡siempre Martí!, y pare usted de contar cuánta historia y tantos nombres que se agolpan, como vienen en memoria fervorosa de esta Revolución Cubana y de su líder histórico, de la obra magna de este inmenso adalid de su tiempo y de los tiempos que vendrán.

Cuando digo Fidel, digo, en letras mayúsculas: REVOLUCIÓN BOLIVARIANA DEL SIGLO XXI y digo CHÁVEZ, ¡siempre Hugo Chávez, su amado hijo, su entrañable discípulo! (Aplausos.)

Y recuerdo las palabras del Apóstol que usted, Comandante Fidel, Comandante del ALBA encarnó con infinito amor, con infinita generosidad: cuando el Apóstol visitó Caracas en 1881, no habiéndose secado y limpiado el polvo de los caminos, se presentó frente a la estatua del Libertado Simón Bolívar en el centro de Caracas para pronunciar su discurso y siempre recordamos su sentencia: “Deme Venezuela en qué servirla y ella tiene en mí un hijo”, dijo José Martí. Sí, Fidel, un hijo de Venezuela (Aplausos), sí, porque siempre estuvo listo para servirla, para que les llegaran los médicos a los humildes, para que llegaran los entrenadores deportivos a la juventud para sacarla de las drogas y la delincuencia; sí, para que llegaran los alfabetizadores a llevar la educación, la luz, la cultura a nuestro pueblo (Aplausos).

Hijo de Venezuela, Fidel, la gratitud no es tan debida como la admiración, porque sin el apoyo y la solidaridad de la Revolución Cubana en todos los terrenos, en los momentos más difíciles del golpe de Estado del año 2002, de los sabotajes petrolero y la guerra económica del 2003, del intento de intervención por parte del gobierno de George Bush, de los intentos de asesinato del Comandante Chávez, sin el apoyo de la Revolución Cubana y sin su ejemplo de lucha y su inmensa capacidad de solidaridad, hubiese sido sin duda alguna más duro el camino, más lento el avance de nuestra joven Revolución.

Fidel, el amigo entrañable, delgado, sabía también lo que era estar inmerso en un mundo de pura adivinación poética, no tiene entonces nada de extraño que la fecha de su partida, como dijera el presidente Peña Nieto, 25 de noviembre, a 60 años del Granma, no tiene entonces nada de extraño que la fecha de su partida de este plano terrenal coincidiera exactamente con la salida del Granma desde el puerto de Tuxpan, México, un 25 de noviembre de 1956, hace 60 años (Aplausos). Allí iban Fidel, Raúl, el Che y Camilo, y creo, a esta altura de la vida, íbamos todos ya junto con ellos, en sus sueños. Allí iba Fidel al mando de aquella expedición libertaria que cambió el rumbo de la historia de Cuba, de la Patria grande y de la humanidad. Esto no es mera casualidad, creo que es causalidad, como diría ese otro grande de Cuba llamado José Lezama Lima.

Hay que volver a Tuxpan, hay que volver al Granma, hay que partir de nuevo, Raúl, a bordo del Granma cada vez que las circunstancias lo ameriten, cuando los nuevos desafíos y las nuevas batallas por la vida de nuestros pueblos así lo determinen. ¡Fidel se ha embarcado otra vez en el Granma, y vuelve, y volverá por todos los caminos convertido en millones de hombres y mujeres de esta Revolución Cubana que marca el tiempo del futuro! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Yo soy Fidel!”)

Porque hay muchos aprendices de brujo por ahí, con todo mi respeto por los brujos (Risas), pronosticando otra vez a Cuba, que si Cuba va para acá, que si Cuba va para allá. Cuba tiene marcado un destino, una trayectoria histórica, por eso creo que esa trayectoria histórica, con el símbolo de la partida de Fidel, va a ser reafirmada y renovada con nuevos bríos y fuerza revolucionaria y socialista, salida de la profundidad de la ética de un pueblo que ha sabido aprender a hacer su propia historia (Aplausos). Que los aprendices de brujo se dediquen a otra cosa (Exclamaciones.)

Por eso es que creo que hay que volver a Tuxpan, al Granma, como volvía siempre Fidel a su raíz más genuina. Estamos ya en capacidad de descifrar el sentido profundo de unas palabras suyas dichas con fidelísima convicción. Decía Fidel: Ahora comprendo que mi destino no era venir al mundo para descansar al final de mi vida.

Y lo sabemos, Comandante, usted no va a descansar; luego de concluido su periplo existencial en este mundo, como Bolívar, como Martí, como el Che, como Chávez, usted pertenece al linaje de los que se quedan velando. Como Bolívar, como Martí, como el Che, como Chávez, usted tiene mucho que hacer en la Patria Grande todavía, y seguiremos oyendo su voz en redoble de conciencia cuando nos dice: ¡El deber de todo revolucionario es hacer la revolución! (Aplausos.)

Al cumplir sus 80 años, nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez le escribió de puño y letra una hermosísima carta, que sabemos que usted valoraba altamente. De ella extraigo dos párrafos, en los que inspirándose en el memorable poema de Juan Gelman, Fidel, nuestro Comandante nos estaba hablando para hoy y para el porvenir. Cito la carta, dice Chávez: En verdad es gracias a tu ejemplo, Fidel, de dignidad y coraje, que la historia ha agrandado sus portones; quienes afirmaban que esta, la historia, había llegado a su fin, se equivocaron, seguimos y seguiremos entrando tras tus pasos, con tu ejemplo, hacia la definitiva y segunda independencia. Y seguía afirmando Chávez: Pero hay otros portones y son aquellos por los que entran quienes pueden desaparecer físicamente, pero a los que la muerte no pueden ni podrán matar. Son los portones de la inmortalidad, por ahí han pasado Bolívar, Sucre, Artigas, Martí, Sandino, Zapata y el Che, y pare usted de contar, y hacia ellos se encaminarán tus pasos algún día, un día que espero lejano, muy lejano. 13 de agosto del año 2006 (Aplausos).

Los portones de la inmortalidad se abrieron de par en par un inolvidable y doloroso 5 de marzo de 2013, para que pasara adelantado su hijo y discípulo, el Comandante Hugo Chávez.

Son los mismos portones que este 25 de noviembre de 2016 se abrieron de par en par para usted, Comandante, los mismos portones que —como decía Chávez— solo pueden abrir la viva memoria y la gratitud de los pueblos, el amor de millones de hombres y mujeres.

Querido Raúl; querida compañera Dalia; hijos del Comandante, Fidel, Alexis, Alexander, Antonio, Alejandro, Ángel, nietos, nietas; pueblo de Cuba:

Con Martí decimos: La vida humana sería una invención repugnante y bárbara, si estuviera limitada a la vida en la Tierra. Cristianos como somos, así soñamos y así sentimos, y esperamos algún día, como producto de nuestra conducta en la Tierra y en nuestra lucha, aspiramos algún día más allá de esta vida poder volver a ver la sonrisa de estos gigantes: Fidel Castro y Hugo Chávez (Aplausos). Y con ellos, nuestros héroes, se cumple otra máxima martiana. Dice Martí: La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

¡Misión cumplida, Comandante Fidel Castro! (Aplausos.)

Hoy nos toca a nosotros; les toca a ustedes, mujeres; les toca a ustedes, estudiantes, jóvenes, obreros, profesionales, campesinos, militares patriotas, nos toca a nosotros y a nosotras, hoy nos toca levantar las banderas de la independencia de la Patria Grande; hoy nos toca sostener las banderas de la dignidad y la libertad de los pueblos (Aplausos).

Hoy, Comandante Raúl Castro, ¡a nosotros nos toca llevar las banderas del socialismo bolivariano, martiano, cristiano del siglo XXI, por ellos, para ellos y con ellos! (Aplausos.)

Fidel, tu obra es el faro que iluminará por siempre a los pueblos del mundo. Con el concepto de Revolución lo juramos desde el alma, lo haremos; a pesar de las dificultades lo haremos, seguiremos el camino victorioso de este gran fundador de la Patria Grande (Aplausos).

Raúl, Cuba, a nombre de todo el pueblo cubano, del pueblo venezolano, a nombre del gobierno revolucionario que presido, hoy más que nunca te digo aquí: ¡Cuenta con la Revolución Bolivariana! ¡Cuenta con Venezuela! ¡Hoy más que nunca unidos! ¡Hoy más que nunca juntos para seguir transitando los caminos y abrirle el horizonte al siglo XXI al cual tenemos derecho! (Aplausos.)

Fidel: ¡Hasta la victoria siempre! ¡Venceremos! (Aplausos.)

¡Que viva Cuba libre! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva Fidel! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva Chávez! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva Raúl! (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”)

Daniel Ortega: ¿Dónde está Fidel?

 

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¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!” Y de: “¡Yo soy Fidel!” “¡Yo soy Fidel!”)

Duele, claro que duele ese tránsito, tránsito a la inmortalidad (Aplausos). Fidel está en estos muchachos y muchachas, en esta juventud (Aplausos), viene creciendo con los niños. Fidel está en la conciencia y en el corazón de las mujeres cubanas (Aplausos), de los obreros, de los agricultores, de los técnicos, profesionales, científicos; está en la conciencia de ese gigantesco capital humano que forjó Fidel con el pueblo de Cuba (Aplausos).

En esta Plaza tuve el privilegio —y digo “gracias a la vida que me ha dado tanto”— en el año 1967, vine por el Frente Sandinista al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, la OCLAE (Aplausos), y la gran sorpresa, no lo esperábamos, nos invitaron a esta Plaza y nos sentaron en la tribuna a pocos metros de Fidel. ¿Y quién acompañaba a Fidel en ese momento como invitado de honor? Salvador Allende, el presidente, héroe de Nuestra América (Aplausos). Claro, habló Allende y luego habló Fidel, y entonces Fidel que estaba más convencido que nadie que el camino para la liberación pasaba por la lucha armada revolucionaria, le estaba dando todo su apoyo a un luchador socialista, el doctor Salvador Allende, compañero, que en esos días más duros de la siembra estaba apostando por la vía pacífica para la toma del poder, y Fidel no dudó en apoyarlo.

Ya conocemos la historia, tiempos terribles, en ese largo período de dolor de Nuestra América en el siglo XX, donde todas las batallas que se venían librando en Nuestra América arrojaban el heroísmo, la combatividad, la dignidad de los pueblos; pero qué difícil era alcanzar la victoria.

Fidel con Raúl, con los 82 combatientes que se embarcaron allá en México, y luego con la conciencia de este pueblo, produjo el milagro de la primera Revolución Socialista en Nuestra América (Aplausos) y a 90 millas de Estados Unidos se produjo el milagro.

Y nuevamente la batalla del pueblo de Cuba con Fidel a la cabeza, la batalla para garantizar no solamente la sobrevivencia de la Revolución, sino también el desarrollo económico, social, cultural y deportivo del pueblo de Cuba, porque Fidel no dejaba un solo espacio descuidado en todos los campos.

Fue una batalla desigual: el imperio invadiendo, intentando asesinar e imponiendo ese bloqueo criminal, que no es más que un acto que se califica como un crimen de lesa humanidad, es un crimen de lesa humanidad, que debería estar siendo juzgado por la famosa Corte Penal Internacional (Aplausos), defendiendo el derecho de Cuba a desarrollarse; pero no en medio de la ley de la selva que impone el capitalismo salvaje, sino promoviendo esos principios que Marx con profundo espíritu humanista propuso para lograr que el paraíso se construyera aquí en la Tierra, en lugar de tranzar con dinero —decía Marx—, llegará el día y llegará el momento en que vamos a tranzar con amor. Cuando prevalecen los valores, cuando prevalecen los principios, cuando prevalece la conciencia, cuando se produce la transformación en ese hombre nuevo, así lo apuntaba Marx, y así fue sentando las bases Fidel.

Es cierto: Hay camino que recorrer para completar esa obra, no solamente en Cuba, sino en nuestro planeta. Y batallando por el desarrollo de Cuba, frente a las amenazas del imperio, frente a las agresiones del imperio, Cuba dándose por entero a todos los pueblos de nuestro planeta, incluyendo al pueblo norteamericano (Aplausos).

Fidel estableció ese principio, ese principio cristiano, y ahí recuerdo a Raúl, cuando el huracán Juana entró a Nicaragua con una fuerza de 285 kilómetros de viento, destruyendo pueblos enteros. Y con nuestras capacidades y con la colaboración de Cuba, que tenía una enorme experiencia en el enfrentamiento de los huracanes, desplazamos miles y miles de hermanos nicaragüenses en varias direcciones, y esto evitó que hubiese muertos, porque decíamos: se puede perder lo material, pero lo material luego se puede recuperar; lo que no se debe perder es la vida (Aplausos), y eso lo logramos con la colaboración de los hermanos cubanos que nos envió Fidel allá en brigadas, especialistas, que compartíamos allá en el puesto de mando, frente a lo que es un fenómeno para nosotros no tan común y con una fuerza tan grande que cruzó todo el país y destruyó el país entero.

Y luego, ahí viene mi recuerdo de ese profundo pensamiento cristiano de Fidel y de Raúl: manda Fidel a Raúl a Nicaragua después del huracán; llegó Raúl para ayudarnos a reconstruir, y no se me olvida esa frase de Raúl, cuando dijo allá en Managua: Nosotros estamos para compartir el pan (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Raúl!”). Esa es la esencia, los valores, la ética, la moral de Fidel hecha pueblo y multiplicada luego en los pueblos del mundo, en los pueblos de nuestro planeta (Aplausos). Porque así como Fidel hoy está más firme que nunca aquí en el corazón de este pueblo, también está más firme que nunca en el corazón de los pueblos latinoamericanos y caribeños, en el corazón de los pueblos de Asia, de África y en el corazón de buena parte del pueblo norteamericano, de buena parte de los pueblos europeos que, en estos nuevos tiempos, y como bien con esa firmeza y sabiduría lo supo definir Fidel, entendiendo los cambios de los tiempos, que no es fácil, cómo traducir los cambios de los tiempos cuando se tenía una concepción que luego solo en la mente se repitió en nuestra América en Nicaragua, después de Cuba fue Nicaragua, y fue Fidel y Raúl y este pueblo entrando victorioso el 19 de julio de 1979 allá en Managua (Aplausos). Fue la última revolución triunfante del siglo XX.

Luego vino la desintegración de la Unión Soviética; la Unión Soviética generosa, noble, solidaria y punto de balance en nuestro planeta frente a las amenazas expansionistas del imperialismo. Y vino el período especial, y recuerdo que Fidel me invitó, allá por el año 1991, a Santiago a conmemorar, y luego conversando, y ya trabajando para enfrentar el período especial, con Raúl, con los cuadros de la dirección del Partido de todas las medidas que tendrían que tomar. Pero en todas esas medidas, en todos esos planteamientos que Fidel hacía y practicaba, ahí no existía la palabra un paso atrás, ahí no existía la palabra concesión, ahí no existía la palabra rendición, sino que se trataba de reafirmar este proyecto hermoso, solidario, socialista de afirmarlo, fortalecerlo, ser más creativos y avanzar, como lo ha logrado hacer Cuba, que ese fue un tránsito realmente heroico, una pequeña nación bloqueada, asediada, prácticamente sola en nuestra América; claro, con la solidaridad de los pueblos, pero prácticamente sola librando esa batalla.

Fue desde 1987 o 1988 que empezó ya a producirse la desintegración de la Unión Soviética, hasta aquella fecha también mágica, 1998, y lo que nadie se esperaba, y lo que los revolucionarios habíamos soñado por años, y es que se produjese una revolución en un país latinoamericano, caribeño, con más desarrollo económico, con más fortaleza que la que tenía Cuba y que la que tenía Nicaragua. ¡Cómo soñábamos! Y allí, en esos momentos, verdaderamente difíciles, dramáticos, cuando desde los años 1987, 1988, 1989 venían ya los fariseos anunciando el fin de la Revolución Cubana, 1988. Y digo yo, no son casualidades, era Fidel, antes de 1998… (Maduro le dice que el 4 de febrero de 1992, la parte armada. Primero fue el levantamiento el 4 de febrero de 1992, fue un momento que fue ya de terrible masacre del pueblo, que se conoció como el Caracazo, y allá irrumpió Chávez; pero luego la cárcel, y el tiempo corría, y parecía que aquello ya se había frustrado. Pero Fidel, con esa visión, con esa sabiduría, bueno, invitó al Comandante Chávez aquí a La Habana, estaba aquí en La Habana, en diciembre de 1994, cuando ya él había salido de la cárcel. No estaba aquí en La Habana. De pronto me avisan que Fidel me manda a buscar porque tenemos un acto allá en la Plaza Bolívar de La Habana Vieja. ¿Y con quién me encuentro? Con el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías (Aplausos). Vino la batalla de Chávez, y vino la batalla de Chávez planteándose el camino que se había planteado Allende, y Fidel no titubeó en darle su respaldo, confiar en lo que le decía su sabiduría a Chávez que conocía bien a su pueblo, y finalmente la victoria por la vía electoral de la Revolución Bolivariana en las elecciones de 1998 y la toma del poder en enero de 1999 (Aplausos); pero está claro, a Chávez le intentaron también hacer lo que le hicieron a Allende, porque las elecciones son buenas, son justas, son democráticas cuando ganan las derechas proimperialistas y serviles; pero cuando las ganan los revolucionarios, entonces no son justas, no son democráticas y hay que hacerle la guerra, como se la hicieron a Allende, como se la hicieron a Chávez, como se la hacen hoy a Nicolás (Aplausos).

Y estamos viviendo un nuevo tiempo en nuestra América. En medio de una correlación de fuerzas que, digamos, se ha debilitado, se logró instalar con la Revolución Bolivariana un cambio profundo en nuestra región, y vino el ALBA, obra de Fidel y Chávez, y vino PETROCARIBE, obra de Fidel y Chávez (Aplausos), y vino la Misión Milagros, para que los que no podían ver pudiesen ver, obra de Fidel y Chávez (Aplausos).

Y empezaron a producirse cambios por la vía electoral en toda la región, y esto permitió, bajo esa fuerza de los pueblos, y la firmeza de todos los gobiernos independientemente de su ideología que se concretara el sueño de Bolívar con la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, se hizo realidad (Aplausos). Primero la sede fue en Caracas, con Chávez, y luego, fue Chile, y luego fue Cuba, con Raúl presidiendo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; es decir, nació, nació lo que el imperio se había empeñado en dividir para dominar mejor. Finalmente nació y está viva y, es cierto, que en este nuevo período ha habido reveses, pero el cambio que ya se produjo en América Latina y el Caribe es cualitativo, es irreversible y no habrá amenazas, ¡no habrá amenazas! (Aplausos), ni sanciones, ni bloqueo que vengan a destruir esta unidad latinoamericana y caribeña que de por sí, ya significa una nueva actitud, una nueva bandera de independencia, de soberanía para los pueblos de nuestra América y el Caribe (Aplausos).

Yo le pido a Dios, le pido a Cristo que nos mantenga bien cerca a Fidel, con su sabiduría y con su firmeza en estos momentos en que tocan tambores de guerra. ¡Sabiduría y firmeza! ¿Para qué?, para que juntos los latinoamericanos y caribeños logremos seguir defendiendo el derecho a la paz, a la estabilidad, a la seguridad de nuestros pueblos.

Hoy más que nunca la unidad latinoamericana y caribeña se hace imprescindible, más allá de las ideologías, porque se trata de salvar el futuro de bienestar, de progreso de nuestros pueblos; se trata de salvar la soberanía de nuestros pueblos; se trata de salvar todo aquello que hemos logrado avanzar en todos los campos. Es cierto, no podemos hablar que se ha avanzado de forma totalmente satisfactoria en el campo económico, en el campo social, en el campo del comercio internacional, etcétera; pero se ha avanzado, y tenemos que salvar eso que hemos logrado avanzar, y tenemos que lograr unidos latinoamericanos y caribeños persuadir a los gobernantes norteamericanos, y estoy seguro de que tendremos ahí el entendimiento, el respaldo del pueblo norteamericano, que hacia atrás ya no se puede caminar, solo hacia adelante, a seguir construyendo paz, amistad y solidaridad (Aplausos).

A Raúl, a Dalia, a toda la familia de Fidel y a toda esta gran familia que es el pueblo de Cuba, familia de Fidel les quiero manifestar todo nuestro amor, amor infinito, sin claudicaciones y con toda la solidaridad para este pueblo heroico, para este pueblo valiente que estamos seguro de que seguirá defendiendo las ideas de Fidel (Aplausos).

¡Que viva el pueblo de Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Enrique Peña Nieto: Fidel quiso mucho a México

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Excelentísimo señor Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba;
Jefes de Estado y de Gobierno;
Representantes de países amigos de Cuba;
Querido y entrañable pueblo cubano;
Señoras y señores:

Esta noche, en esta ocasión solemne, nuestra identidad latinoamericana nos llama a pueblos amigos y hermanos a evocar la memoria de un hombre que hizo historia.

En nombre del gobierno de México les reitero mis más sentidas condolencias al presidente Raúl Castro y al pueblo cubano que hoy se duelen por la sensible pérdida de quien fuera su Jefe de Estado, Fidel Castro Ruz (Aplausos).

Hace más de medio siglo Fidel y Raúl Castro eligieron a México como punto de partida de su lucha revolucionaria cuando fueron exiliados. Llegaron inspirados por las palabras del héroe inmortal José Martí: “México es tierra de refugio, donde todo peregrino ha hallado hermano.”

Fidel y Raúl encontraron protectores y simpatizantes en nuestro territorio, quienes los cobijaron y respaldaron en su causa. Fue así como en México germinó la gesta de la Revolución Cubana que habría de cambiar el curso de la historia.

Un 25 de noviembre, en la misma fecha en que falleció Fidel Castro, pero de 1956, partieron 82 valientes de las orillas del río Tuxpan, en la costa de Veracruz, a bordo del Granma. La misión que se trazaron era la de construir un nuevo gobierno que estuviera al servicio del pueblo cubano y se guiara por los ideales de libertad, justicia e igualdad. Desde entonces la República de Cuba y el pueblo cubano, han dado ejemplo de dignidad y perseverancia.
Sin duda Fidel Castro fue el constructor de la Cuba revolucionaria, pero más aún, fue una de las figuras emblemáticas de la segunda mitad del siglo XX.

Cuba y México son amigos y vecinos, nuestros países están unidos por lazos profundos e irrenunciables. Las aguas del mar Caribe han vinculado nuestra historia durante siglos; la lengua y la cultura que compartimos nos recuerdan siempre que los corazones cubanos y mexicanos laten en solidaridad y amistad reflejadas. Tenemos una misma vocación latinoamericana, el ideal de una América unida, de un ideal histórico de ambos pueblos: Nuestra América, como también lo escribiera José Martí.

Por esas razones, por los lazos históricos que unen a nuestras naciones y por lo que vivió personalmente nuestro país, Fidel Castro quiso mucho a México, sintió siempre un cariño entrañable por nuestro país, como lo sienten millones de cubanos por México y millones de mexicanos por Cuba.

Al frente de Cuba Fidel Castro promovió con México una relación bilateral basada en el respeto, el diálogo y la solidaridad. Tuve el honor de conocerlo en enero de 2014, durante la Cumbre de la CELAC en Cuba, fue un encuentro muy emotivo en el que me refrendó su afecto por México y los mexicanos. En esa ocasión realicé además una visita oficial a este país hermano, buscando escribir una nueva página en la historia de las relaciones de amistad entre nuestros países. A partir de entonces Cuba y México estamos construyendo una agenda amplia y moderna que se consolidó con la visita de Estado del presidente Raúl Castro a México en noviembre pasado y que habremos de continuar basados en nuestros fuertes vínculos de amistad.

Señoras y señores:

Hoy el mundo recuerda la vida, la obra y la trayectoria de Fidel Castro. México refrenda su amistad incondicional al pueblo cubano en estos momentos. Reconocemos los pasos que de manera soberana se han dado hacia un país más abierto en lo económico y en lo político. Los mexicanos expresamos nuestro compromiso de seguir acompañando a Cuba y a su pueblo como amigos, como siempre lo hemos hecho en su marcha histórica hacia una sociedad más incluyente y próspera.

¡Descanse en paz Fidel Castro!
(Aplausos.)

Hage Geingob: Fidel es nuestro amigo

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¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Raúl! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)
¡Viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

Excelentísimo señor, Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba;
Pueblo de Cuba;
Excelentísimos Jefes de Estado y de Gobierno;
Honorables Ministros;
Distinguidos invitados;
Compañeras y compañeros:

¿Cuál es el precio de la libertad? ¿Cuál es el costo de liberar una nación? ¿Cuánto pagar cuando alguien ha luchado por ustedes, cuando otros entonces eran aliados de su enemigo? La lucha de Fidel nunca fue para buscar un beneficio económico, sino para ayudar a los países oprimidos. Y es por ello que estamos aquí. Estamos aquí para saludar y despedir a un compañero que siempre estuvo al lado de nosotros, y cuya pérdida jamás podrá ser reparada.

Nuestro padre fundador y líder de la revolución de Namibia, nuestro primer presidente, Sam Nujoma, y el actual presidente de Namibia, estamos aquí también para despedir al compañero Fidel (Aplausos).

Está con nosotros el Secretario General del Partido SWAPO; también están con nosotros dos altos oficiales del Ejército Popular de Liberación de Namibia, que fueron condecorados y llevados a los grados de general en el Ejército de Namibia, y también tenemos entre nosotros sobrevivientes de la matanza de Cassinga, y ello solamente ilustra el amor que siente el pueblo de Namibia por Fidel Castro.

También como parte de nuestro homenaje, Namibia ha declarado tres días de duelo oficial en honor al compañero Fidel Castro (Aplausos).

Cuba ayudó a Angola y a Namibia en la lucha en contra del apartheid de Sudáfrica. Las fuerzas de SWAPO también entraron en Namibia y estuvieron en Angola, y fue allí donde las fuerzas racistas de Sudáfrica lanzaron un ataque contra una población indefensa. Y fueron las fuerzas cubanas las que vinieron a rescatar a aquellas personas. Fue en esa lucha en que los cubanos ofrendaron sus vidas y también perdieron extremidades. Después de esa matanza, Cuba fue el primer país que abrió sus escuelas en la Isla de la Juventud para educar allí a 3 000 estudiantes que fueron sobrevivientes de la matanza de Cassinga (Aplausos).

La épica batalla de Cuito Cuanavale, otro ejemplo que muestra la convicción de Fidel en la liberación de los oprimidos, también Cuba puso en peligro su propia seguridad y envió tropas para ayudar al pueblo de Namibia y al pueblo de Angola en contra de las fuerzas de Sudáfrica. La batalla de Cuito Cuanavale fue una hazaña para toda el África Austral y fue una batalla que también condujo a la liberación, no solo del África Austral, sino también de Sudáfrica.

Fidel envió miles de tropas a Angola y a Namibia para liberar a estos países de la opresión de Sudáfrica. Cuito Cuanavale fue un hito en la historia del África Austral. Y especialmente, esta batalla también propició la puesta en práctica de la Resolución 435 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y ello condujo entonces a la independencia de Namibia en 1990.

De hecho, la sangre derramada por los combatientes cubanos también sirvió de fertilizante para la liberación y la libertad del pueblo de Namibia. A través de su corazón revolucionario y desinteresado, el único interés que tenía Castro era la liberación del pueblo de Namibia, y dedicó muchísimos recursos para lograr la independencia y la libertad de Namibia. Y los cubanos no fueron allá ni a buscar oro ni diamantes, solamente se llevaron de allí los restos mortales de sus compañeros caídos (Aplausos).

Aun cuando tengamos enemigos, jamás olvidaremos a nuestros amigos. El pueblo cubano es nuestro amigo. Fidel es nuestro amigo. Fidel es nuestro amigo ahora y para toda la eternidad. Recordamos siempre a Fidel en los niños de Namibia, a quienes sus padres les ponen el nombre de Fidel o de Castro (Aplausos). Recordamos también a Fidel en los miles de niños de Cassinga que vinieron aquí a Cuba, crecieron aquí, aprendieron español de manera fluida y en estos momentos ocupan cargos importantes en el Partido y el Gobierno. Recordamos también a Fidel a través de los médicos, enfermeros, enfermeras y personal de la salud que trabajan sin descanso en nuestro país.

Tenemos todavía mucho que aprender de un hombre que vivió y murió según sus propios términos.

En momentos en que las personas pierden su fe, en que se crean diferentes alianzas negativas, son esos los momentos en que tenemos que tener una mente clara y tener siempre presente las ideas del compañero Fidel (Aplausos).

El apoyo constante ofrecido por Cuba a la liberación de África fue un apoyo que había sido ya preconizado por José Martí. Martí nos enseñó: el verdadero hombre no mira dónde se vive mejor sino de qué lado está el deber.

Las lecciones de Fidel seguirán siendo la guía nuestra en nuestra lucha por buscar un nuevo orden mundial. Nosotros debemos seguir unidos, a pesar del colonialismo, y seguir unidos hasta la victoria siempre (Aplausos).

Al presidente Raúl, a la familia Castro, a nuestra familia cubana: nuestra lucha es una lucha justa, el dolor que ustedes sienten es un dolor nuestro también. Fidel se nos ha ido, pero el espíritu de Fidel seguirá viviendo para siempre.

¡Patria o Muerte!
¡Venceremos! (Aplausos.)

Evo Morales: Fidel está por encima de su propia vida

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¡Que viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que vivan los pueblos antimperialistas! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

Muchas gracias hermanas y hermanos.

Saludo al hermano Raúl; al Gobierno; al pueblo cubano:

La profunda admiración por esta unidad, esta fortaleza del pueblo cubano. En las últimas horas escuché de la prensa burguesa proimperialista que decía: “¿Ahora qué hará Cuba sin líder?” Y estamos viendo, está viendo el mundo entero al pueblo cubano más unido, más fuerte que nunca para seguir derrotando esa dominación imperialista (Aplausos y exclamaciones de: ¡Unidad, unidad, unidad!, y ¡Cuba, Cuba, Cuba!, ¡Yo soy Fidel, yo soy Fidel, yo soy Fidel!).

Hermanas y hermanos:

Vengo a nombre del pueblo boliviano, a nombre de los movimientos sociales: petroleros, mineros, fabriles, el pacto de unidad, el movimiento campesino indígena originario, vecinos, transportistas, prácticamente todos los sectores sociales, a expresar nuestro respeto, nuestro cariño, nuestra admiración y, sobre todo, nuestro reconocimiento al pueblo cubano, a su gobierno, a Fidel por tanta solidaridad, no solamente con Bolivia, sino con los pueblos del mundo (Aplausos). Decirles a nombre del pueblo boliviano: muchas gracias hermanas y hermanos, por ese trabajo, por esa línea política en la liberación de los pueblos del mundo desde Cuba.

Al pueblo abnegado del hermano Fidel, su lucha por la soberanía de los Estados y la dignidad de los pueblos del mundo. Uno de los mayores legados de Fidel es hacer que la política sea el arma moral más noble para la liberación de los pueblos del mundo.

Fidel puso a Cuba en el mapa del mundo, luchando contra la codicia del imperio y el mundo reconoce a Fidel como una epopeya inalcanzable en estos tiempos y lo será para toda la humanidad.

Fidel demostró al mundo que no hay imperio perpetuo ni poder imperial impune. Fidel derrotó en Naciones Unidas a Estados Unidos con la razón y por la justicia, porque Estados Unidos lo que consigue es con chantaje, condicionamientos e invasiones para la dominación de los pueblos del mundo.

Fidel no solo garantiza educación y salud para Cuba. Sacó del analfabetismo a muchos pueblos del mundo y con la salud les hizo milagros a los más humildes del mundo.

¡Muchas gracias, Fidel! (Aplausos.)

Fidel ha sido un verdadero padre de los excluidos, de los marginados, de los discriminados, de los más pobres del mundo. Fidel nos enseña que el único camino de nuestros pueblos es la unidad y la integración. Fidel es un verdadero constructor de la paz con justicia social.

Quiero decirles, hermanas y hermanos, Fidel no ha muerto, porque los pueblos no mueren, menos aquellos pueblos que luchan por su liberación, ese es Fidel (Aplausos). Fidel no ha muerto, porque las ideas no mueren, menos aquellas ideas que abonan el camino de la emancipación. Fidel no ha muerto, porque las luchas no cesan, menos aquellas luchas que están destinadas a dignificar a la humanidad. Fidel está más vivo que nunca, más necesario que nunca, está vivo, vigilante, pensando en seguir la lucha para preservar nuestra casa común, sembrando trincheras de esperanza; hablando de los grandes sueños, fijando metas, trazando rutas. Fidel no ha muerto, no puede morir, Fidel está por encima de su propia vida, está instalado para siempre en la historia de la humanidad (Aplausos).

América Latina y el mundo no se pueden comprender en el siglo XX sin Fidel ni sin Cuba. Fidel y Cuba cambiaron el mundo. Mientras haya un socialista de pie, luchando con la palabra, con las ideas y con la fuerza de la razón, Fidel estará entre nosotros y para siempre (Aplausos).

A Fidel intentaron matarlo de mil maneras durante más de medio siglo más de 10 presidentes norteamericanos y no lo lograron. Fidel venció todas las batallas frente al imperio: la batalla moral, porque Fidel luchó por la humanidad; la batalla política, porque las causas de Cuba son las causas de América Latina y del mundo; las batallas de ética, porque nunca renunció a las batallas, siempre vivió en la trinchera. Fidel es de esa clase de hombres que solo nacen de los brazos de un pueblo revolucionario y Cuba es la Revolución que el mundo sueña (Aplausos).

Cuba y Fidel iluminan al mundo ante la sombra tenebrosa del imperio. Fidel es sinónimo de lucha antimperial, porque significa que es sinónimo de lucha por la humanidad.

Quiero decirles hermanas y hermanos, seguramente en persona nunca más lo veremos físicamente, pero la lucha de Fidel, sus ideas serán para siempre, del Fidel Comandante (Aplausos).

Quiero decirles al pueblo cubano, a los pueblos del mundo, personalmente lo extrañaré, habrá una ausencia, quién me enseñará, quién me reflexionará, quién me cuidará, quiénes nos cuidarán.

Hermanas y hermanos: mi cariño y mi respeto, mi admiración a Fidel por tantas cosas que hizo por la humanidad. Por eso, hermanas y hermanos, decirle al pueblo de Cuba que el dolor que lleva, también es dolor del pueblo boliviano, de los antimperialistas del mundo. Estamos como nunca unidos para seguir luchando y para seguir liberando a los pueblos del mundo y a la cabeza el pueblo cubano y el Comandante.

Para terminar, ayúdenme a decir:

¡Gloria a Fidel! (Exclamaciones de: “¡Gloria!”)

¡Que viva Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que vivan los pueblos antimperialistas del mundo! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

¡Hasta la victoria siempre! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”

Muchas gracias (Aplausos).